viernes, 13 de septiembre de 2013

Regla de vida cristiana (IX).

Andar sin camino
Es indudable que el cristiano carnal suele sentir repugnancia a sujetar su vida a normas, y ve con recelo todo lo que sea plan o regla de vida, por muy modificables que sean. Él prefiere vivir con «más libertad» (?), haciendo nacer sus obras buenas una a una, según su ánimo y el momento. Es la tentación más común.
Pero también existe la tentación contraria. Es indudable que el cristiano carnal tiende a apoyarse en sí mismo, procura controlar su propia vida espiritual, y pretende -con la mejor voluntad (?)- avanzar en ella según sus propias ideas sobre la vida cristiana y según su temperamento personal. En vez de perderse de sí mismo, dejándose conducir por Dios, muchas veces a ciegas, a él le gusta
caminar con mapa, por un camino claro y previsible. Pues bien, también esta tentación debe ser conocida por aquellos que pretenden ayudar su espíritu con ciertas leyes personales o comunitarias.
Conviene, pues, saber en esto que algunas veces dispone Dios que ciertos hijos suyos vayan conducidos día a día por su mano, sin un camino bien trazado, en completa disponibilidad a su gracia providente, lo que implica un despojamiento personal no pequeño. Quizá estos cristianos pretenden clarificar y asegurar sus vidas encauzándolas por ciertos caminos bien determinados. Pero si eso no está de Dios, al menos por ahora, y ellos son realmente de los que «obran la verdad» (Jn 3,21), acabarán por entender y aceptar que el Señor no quiere para ellos camino cierto, al menos por ahora, y que pretenderlo, asumiendo, por ejemplo, un buen conjunto de normas, sería contrariar su bendita voluntad. ¡Qué más querrían que tener un camino bien trazado! Pero Dios no se los da. Sólo tienen a Cristo, que les dice: «yo mismo soy cada día vuestro Camino. ¿No os basto?». br> Quédense, pues, estos cristianos con los diez mandamientos de Dios y los cinco de la Iglesia, y busquen con toda su alma la perfección evangélica, dejándose llevar por Dios, y no pretendan tomar sobre sí otras normas positivas más concretas, que a ellos no les serían ayuda sino estorbo.
(Tomado de Documentos de apoyo | Base documental de Catholic.net). .

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