viernes, 30 de septiembre de 2016

Lecturas del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario. 2 octubre 2016

Caminar desde Cristo.: Lecturas del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario. 2...: PRIMERA LECTURA LECTURA DE LA PROFECÍA DE HABACUC 1, 2-3; 2, 2-4   ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?
¿Por qué me haces ver crímenes y contemplar opresiones?
¿Por qué pones ante mí destrucción y violencia, y surgen disputas y se alzan contiendas?
 

domingo, 18 de septiembre de 2016

La Iglesia vive de la Eucaristía.

Haz clic para acceder al enlace.

La Iglesia vive de la Eucaristía.


Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es «fuente y cima de toda la vida cristiana». «La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo». Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor” (Ecclesia de Eucaristía, 1).

domingo, 11 de septiembre de 2016

Oración de confianza.

«Señor mío y Dios mío, quiero y recibo con agrado todo lo que Vos queréis, y cuando lo quisiereis, como lo quisiereis y para los fines que os propusiereis, en cuanto al frío, al calor, a la lluvia, a la nieve, a las tempestades y a todos los desórdenes de los elementos, lo mismo en cuanto al hambre, a la sed, a la pobreza, a la infamia, a los ultrajes, a los disgustos, a las repugnancias y a todas las demás miserias.
 Me abandono a Vos con un corazón sumiso, para que dispongáis de mi en esto como en todo lo demás, según vuestro beneplácito.
Referente a las enfermedades, Vos sabéis las que habéis resuelto enviarme. Yo las quiero y desde este momento las acepto y las abrazo en espíritu, inmolándome a vuestra divina y adorable voluntad. Esas quiero y no otras, porque son las que Vos queréis, las recibo con una perfecta conformidad en vuestra voluntad como las habéis Vos ordenado, ya en cuanto al tiempo de su venida, ya al de su duración o al de su cualidad. No las quiero ni más crueles ni más suaves, ni más cortas ni más largas, ni más benignas ni más agudas, sino tan sólo como ellas deben serlo según vuestra voluntad.»
En todas las cosas, «Señor mío y Dios mío, me abandono y me entrego por completo a Vos; os entrego mi cuerpo, mi alma, mis bienes, mi honra, mi vida y mi muerte. Adoro todos vuestros designios sobre mí, y con todo mi corazón os suplico que cuanto hayáis resuelto acerca de mi, sea en el tiempo, sea en la eternidad, se cumpla en el más alto grado posible de perfección.»(P. Saint-Jure).

viernes, 9 de septiembre de 2016

Lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario 11 de septiembre 2016.

Haz clik en:

Caminar desde Cristo.: Lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario 11 ...:   PRIMERA LECTURA LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 32, 7-11. 13-14

Comentarios a las lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario. 11 de septiembre 2016.

Haz clik en:
Caminar desde Cristo.: Comentarios a las lecturas del Domingo XXIV del Ti...: Comentarios a las lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario 11 de septiembre de 2016 .
Las lecturas de este Domingo hablan de una realidad presente en la historia de la humanidad, presente en nuestra propia historia personal: el pecado. Insistimos en que es una realidad, aunque en nuestra sociedad cada vez más olvidada de Dios se busque negar, ignorar, dejar atrás, diluir, sustituir con otros nombres o explicaciones: «un defecto de crecimiento, una debilidad psicológica, un error, la consecuencia necesaria de una estructura social inadecuada, etc.» (Catecismo de la Iglesia Católica, 387).
¿Qué es el pecado? No se puede comprender lo que es el pecado sin reconocer en primer lugar que existe un vínculo profundo del hombre con Dios. El pecado «es rechazo y oposición a Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, 386), «es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarle y amarse mutuamente» (Catecismo de la Iglesia Católica, 387). Es un querer ser dios pero sin Dios, es querer vivir de espaldas a Él, desvinculado de los preceptos y caminos que en su amor Él señala al ser humano para su propia realización. El pecado es un acto de rebeldía, un “no” dado a Dios y al amor que Él le manifiesta. Todo esto queda retratado en la actitud del hijo que reclama su herencia: quiere liberarse del padre, salir de su casa para marcharse lejos y poder gozar de su herencia sin límites ni restricciones.
El pecado, que es ruptura con Dios, tiene graves repercusiones. Quien peca, aunque crea que está recorriendo un camino que lo conduce a su propia plenitud y felicidad, entra por una senda de autodestrucción: «el que peca, a sí mismo se hace daño» (Eclo 19, 4). Al romper con Dios, fuente de su vida y amor, todo ser humano sufre inmediatamente una profunda ruptura consigo mismo, con los demás seres humanos y con la creación toda.
¿Qué hace Dios ante el rechazo de su criatura humana? Dios, por su inmenso amor y misericordia, no abandona al ser humano, no quiere que se pierda, que se hunda en la miseria y en la muerte, sino que Él mismo sale en su busca: «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). «Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores» (1 Tim 1, 15). Dios en su inmenso amor ofrece a su criatura humana el don de la Reconciliación por medio de su Hijo. Es el Señor Jesús quien en la Cruz nos reconcilia con el Padre (ver Cor 5, 19), es Él quien desde la Cruz ofrece el abrazo reconciliador del Padre misericordioso a todo “hijo pródigo” que arrepentido anhela volver a la casa paterna.